NOVA FRENTE

22-12-2009
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Querido Pedro:

Jamás se me pasó por la cabeza ser nazi o querer serlo, como tú. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo demuestre que nunca lo fui.

Deploro, como tú, aquellos que hacen de la raza el eje de la política. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo sostenga lo contrario que los nazis.

Soy católico, como tú, uno más de los grupos perseguidos por los nazis e históricamente un grupo religioso caracterizado por su nulo apoyo al nacionalsocialismo. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo milite en justamente lo contrario que los nazis.

Los dos amamos la Tradición, justo lo contrario de los nazis, que querían crear algo totalmente nuevo. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo ame lo contrario que los nazis.

He escrito, he declarado, he aseverado, he hablado y me he manifestado por activa y por pasiva –como tú- contra el nacionalsocialismo. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo sostenga lo contrario que los nazis.

Hemos hablado, y concordábamos en esto, sobre la necesidad de que la sociedad tome las riendas por sí misma, de la imperiosa necesidad de acabar con este dirigismo tan querido a socialdemócratas, internacional-socialistas, nacional-socialistas y demás gentes de mal vivir (político, claro está). Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo mantenga lo contrario que los nazis.

Hablamos cuando estaba en Estados Unidos, y nos reímos juntos, de la sorna gallega con que Franco toreó a Hitler y evitó así que España entrase en la Segunda Guerra Mundial. El “protoportugués” de Franco y el portugués de Oliveira Salazar tenían una opinión muy negativa de Hitler y del nacionalsocialismo, como tú y como yo. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo me alegre con gentes contrarias a los nazis.

También hablamos de ciertos sujetos racialistas, posiblemente filonazis, que ni a ti ni a mi nos gustan y que, desde luego, no nos inspiran confianza. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo me solidarice con gentes contrarias a los nazis y aunque luche contra los nazis.

Como tú, yo también pienso que la ascensión del neopaganismo (algo que estaba en el hard-core del nacionalsocialismo) no es buena cosa para nadie. Como creyentes fieles de la Santa Iglesia Católica que somos ni tú ni yo admitimos este presupuesto neopagano, tan querido al nacionalsocialismo. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo crea lo contrario que los nazis.

Tú admiras mucho a España. Yo admiro mucho a Portugal. Y los dos admiramos a Italia, país cuya cultura e historia nos fascina a ambos. Nos sabemos europeos meridionales y estamos orgullosísimos de todo ello. Y ninguno tenemos grandes filias por estos herejotes protestantes y descreídos del norte de Europa, de los cuales los nazis procedían y proceden. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo admire lo contrario que los nazis.

Ni tú ni yo podemos cuestionar los hechos: los nazis eran unos materialistas de tomo y lomo. Ni tú ni yo participamos de esta filosofía materialista ni un ápice. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo piense lo contrario que los nazis.

Un entendimiento darwiniano, feroz, de la política y de la sociedad –como los nazis sostenían- está en las antípodas de lo que tú y yo creemos. De hecho tú y yo creemos que hay que defender al débil. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo defienda lo contrario que los nazis.

Los nazis eran cualquier cosa menos monarquistas. Y no me negarás que a ti y a mi nos mueve la defensa de un Rey basado en la legitimidad de ejercicio, concepto este completamente alienígena a los nazis. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo apoye lo contrario que los nazis.

Empiezo a entrever que eres más aristotélico de lo que sueles admitir a primera vista. Aristóteles está harto lejos del tándem Hegel-Nietzsche, sobre el que la ideología nacionalsocialista se asienta. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo sostenga lo contrario que los nazis.

¿Sabes, Pedro? Yo sí creo que el holocausto, aunque no me crea de él todo lo que me quieren contar. Me da igual que fueran 6 millones que 3. El hecho es que una ideología infame se dedicó a perseguir judíos. Imaginarás que para alguien con sangre hebrea esto no le resulta particularmente “agradable”. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo sostenga lo contrario que los nazis y aunque hasta por sangre y corazón estuviera del lado de las víctimas de los nazis.

Las políticas eugenistas, y proabortistas, de los americanos y suecos que los nazis y comunistas continuaron siempre nos han producido, a ti y a mí, repugnancia y pavor. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo sostenga lo contrario que los nazis.

Resulta ahora que defender al no-nacido, al inocente, es ser nazi. Por esa regla de tres destacados activistas antinazis, como Von Stauffenberg, Von Galland o el mismísimo Pío XII (que tanto escribió contra los nazis) son ahora nazis. Aunque mis simpatías estén con los antinazis me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi.

Ahora, Pedro, quiero hablarte de la catadura ideológica de esa tal Pinto, mujer por lo demás harto capaz en la calumnia sinuosa. ¿Habrá tomado Pinto recetas y consejos de Voltaire?

Ella pertenece a un partido y a un grupo político vinculado al comunista o comunista con disfraz –como quieras-, que ha asesinado a cientos de millones de seres humanos. Pertenece a una ideología que pactó con los nazis (sí, acuérdate de Stalin y de Molotov … ¡cuán distintos de Franco o Salazar!) para aplastar a los polacos, y siguen sin pedir perdón sobre el particular, la Señora Pinto incluída. Como siguen sin pedir perdón por las fechorías de Paracuellos y el intento de sojuzgamiento de España y Portugal bajo una tiranía comunista.

Ella defiende la muerte de los inocentes, como sus antepasados idelógicos, que también defendían el exterminio de los débiles (sean no nacidos, sean débiles –como hacían Lenin o Brevnev-, o ancianos mediante la “eutanasia”). Pertenece a un grupo, el comunista, cuya seña básica de identidad es el odio a Cristo y a su Iglesia y todo lo que ella ha construido durante siglos, aspecto éste que los nazis compartían, una ideología que no ha parado en mientes para conseguir sus objetivos, al coste que fuera, al precio humano que se precisara. Gentes que dicen que sus adversarios políticos “odian”, sin percatarse de que ellos son orcos políticos sacados de un magma innoble hecho de odio. Pertenece a esa ideología que odia el Altar y el Trono, al igual que los nazis. Pertenece a un grupo, el comunista, forjado en esa misma Alemania de Fichte y Marx, la misma que viera nacer el partido nazi emergido de una secta husita checa. Curiosas estas conexiones nazis con Huss y Wycliff, que ya anticipaban el comunismo.

Pertenece a un grupo, el comunista, que ha hecho y sigue haciendo del asesinato del disidente (por menor que sea la disidencia) la regla de la tiranía, tal cual hacían los nazis, aunque estos últimos incluso no tanto como los comunistas. Pertenece a un grupo que se alinea con tiranos como Fidel Castro o con cainitas como Gorbachev (quien lleva la marca de la Bestia, por cierto), como tirano era Hitler. Pertenece, también, a un grupo que hace del odio a los judíos norma, como llevan demostrando hace tiempo que lo que les inspira no es sólo amor a los palestinos; y en esto también se parecen a los nazis.

No es pues extraño que ese excremento político hable así: a fin de cuentas todos sabemos del silencio cómplice de sus correligionarios (y de ella misma también) sobre el Gulag, las tropelías en China o la Unión Soviética. No es extraño que sea en Rusia y China donde más abortos por mujer se dan en el mundo, a menudo forzados. Espero que no sea este el régimen que ella pretende para la patria portuguesa.

Parece que Marx era un satanista. Algunos epígonos recauchutados, vía Trotsky y vía Gramsci, no le deben andar lejos. Lógico es que todos ellos acaben marchándose al Infierno. Pareciera que estos antros infernales son su verdadera Patria. Quizás en ese Infierno pacten, otra vez, con los Ribbentrops de las zahúrdas de Plutón. ¿Te has dado cuenta, querido Pedro, de que las motivaciones religiosas y filosóficas de nazis y rojos son las mismas?

La tal Pinto, por tanto, sí que resultar estar próxima a la ideología nacional-socialista. No debería ser sorpresa para quien milita en las filas del internacionalismo-socialismo. Esto último, philosophia dixit, es algo bastante cercano a ser nacional-socialista, que dicen nazi.

Me despido con nuestro saludo de siempre, Pedro: ¡Heil, Pinto! … digo … ¡Heil, Tovarich Pinto!

Y ahora preparémonos para la purga que se nos viene. Tú y yo vamos caminos de acabar nuestros días en Auschwitz … perdón … en el Gulag del Océano Glacial Ártico. Me pregunto si no deberíamos proponer que a esas tierras litorales del norte de Siberia las llamen ahora “Tierras de Pinto”. O “Terras do BE”. En rigor le/s pertenecen.

Rafael Castela Santos

Postdata para antes de que me defenestren de una vez por todas:

Cuando utilizo la expresión “excremento político” me refiero a su actuación política Cuando utilizo la expresión “excremento político” me refiero a su actuación política al tildar de nazi a una bitácora y a una persona por “proximidad” . Afirmación esta completamente espúrea. La “excremento político” no es un juicio de su persona, que a mí no me compete (esto es materia de Dios), pues en lo personal la Señora Helena Pinto me parece respetabilísima, sino un juicio de su acto

Me limito a expresar opiniones acerca de una actuación política. Actuación a la que ciertamente le cabe la acepción de excremento como “residuo a eliminar” porque semejante comportamiento es mejor que nunca se hubiera producido. Y me limito, también, a expresar opiniones acerca de una opción política: la comunista. Esta última deja en lo que a crimen y asesinato se refiere a otra pésima opción política, el nazismo, a la altura del amateurismo.

Quiero pensar que la Señora Pinto, tan respetable –por supuesto- en lo personal, tan en contra ella de cualquier ideología que inspire odio, también abomina y abjura de cualquier filia comunista y/o nazi. No esperaría menos de una dama tan absolutamente respetable.

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Querido Pedro:

Jamás se me pasó por la cabeza ser nazi o querer serlo, como tú. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo demuestre que nunca lo fui.

Deploro, como tú, aquellos que hacen de la raza el eje de la política. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo sostenga lo contrario que los nazis.

Soy católico, como tú, uno más de los grupos perseguidos por los nazis e históricamente un grupo religioso caracterizado por su nulo apoyo al nacionalsocialismo. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo milite en justamente lo contrario que los nazis.

Los dos amamos la Tradición, justo lo contrario de los nazis, que querían crear algo totalmente nuevo. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo ame lo contrario que los nazis.

He escrito, he declarado, he aseverado, he hablado y me he manifestado por activa y por pasiva –como tú- contra el nacionalsocialismo. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo sostenga lo contrario que los nazis.

Hemos hablado, y concordábamos en esto, sobre la necesidad de que la sociedad tome las riendas por sí misma, de la imperiosa necesidad de acabar con este dirigismo tan querido a socialdemócratas, internacional-socialistas, nacional-socialistas y demás gentes de mal vivir (político, claro está). Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo mantenga lo contrario que los nazis.

Hablamos cuando estaba en Estados Unidos, y nos reímos juntos, de la sorna gallega con que Franco toreó a Hitler y evitó así que España entrase en la Segunda Guerra Mundial. El “protoportugués” de Franco y el portugués de Oliveira Salazar tenían una opinión muy negativa de Hitler y del nacionalsocialismo, como tú y como yo. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo me alegre con gentes contrarias a los nazis.

También hablamos de ciertos sujetos racialistas, posiblemente filonazis, que ni a ti ni a mi nos gustan y que, desde luego, no nos inspiran confianza. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo me solidarice con gentes contrarias a los nazis y aunque luche contra los nazis.

Como tú, yo también pienso que la ascensión del neopaganismo (algo que estaba en el hard-core del nacionalsocialismo) no es buena cosa para nadie. Como creyentes fieles de la Santa Iglesia Católica que somos ni tú ni yo admitimos este presupuesto neopagano, tan querido al nacionalsocialismo. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo crea lo contrario que los nazis.

Tú admiras mucho a España. Yo admiro mucho a Portugal. Y los dos admiramos a Italia, país cuya cultura e historia nos fascina a ambos. Nos sabemos europeos meridionales y estamos orgullosísimos de todo ello. Y ninguno tenemos grandes filias por estos herejotes protestantes y descreídos del norte de Europa, de los cuales los nazis procedían y proceden. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo admire lo contrario que los nazis.

Ni tú ni yo podemos cuestionar los hechos: los nazis eran unos materialistas de tomo y lomo. Ni tú ni yo participamos de esta filosofía materialista ni un ápice. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo piense lo contrario que los nazis.

Un entendimiento darwiniano, feroz, de la política y de la sociedad –como los nazis sostenían- está en las antípodas de lo que tú y yo creemos. De hecho tú y yo creemos que hay que defender al débil. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo defienda lo contrario que los nazis.

Los nazis eran cualquier cosa menos monarquistas. Y no me negarás que a ti y a mi nos mueve la defensa de un Rey basado en la legitimidad de ejercicio, concepto este completamente alienígena a los nazis. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo apoye lo contrario que los nazis.

Empiezo a entrever que eres más aristotélico de lo que sueles admitir a primera vista. Aristóteles está harto lejos del tándem Hegel-Nietzsche, sobre el que la ideología nacionalsocialista se asienta. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo sostenga lo contrario que los nazis.

¿Sabes, Pedro? Yo sí creo que el holocausto, aunque no me crea de él todo lo que me quieren contar. Me da igual que fueran 6 millones que 3. El hecho es que una ideología infame se dedicó a perseguir judíos. Imaginarás que para alguien con sangre hebrea esto no le resulta particularmente “agradable”. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo sostenga lo contrario que los nazis y aunque hasta por sangre y corazón estuviera del lado de las víctimas de los nazis.

Las políticas eugenistas, y proabortistas, de los americanos y suecos que los nazis y comunistas continuaron siempre nos han producido, a ti y a mí, repugnancia y pavor. Pero me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi aunque yo sostenga lo contrario que los nazis.

Resulta ahora que defender al no-nacido, al inocente, es ser nazi. Por esa regla de tres destacados activistas antinazis, como Von Stauffenberg, Von Galland o el mismísimo Pío XII (que tanto escribió contra los nazis) son ahora nazis. Aunque mis simpatías estén con los antinazis me pregunto si un excremento político por sobrenombre Pinto dirá si soy nazi.

Ahora, Pedro, quiero hablarte de la catadura ideológica de esa tal Pinto, mujer por lo demás harto capaz en la calumnia sinuosa. ¿Habrá tomado Pinto recetas y consejos de Voltaire?

Ella pertenece a un partido y a un grupo político vinculado al comunista o comunista con disfraz –como quieras-, que ha asesinado a cientos de millones de seres humanos. Pertenece a una ideología que pactó con los nazis (sí, acuérdate de Stalin y de Molotov … ¡cuán distintos de Franco o Salazar!) para aplastar a los polacos, y siguen sin pedir perdón sobre el particular, la Señora Pinto incluída. Como siguen sin pedir perdón por las fechorías de Paracuellos y el intento de sojuzgamiento de España y Portugal bajo una tiranía comunista.

Ella defiende la muerte de los inocentes, como sus antepasados idelógicos, que también defendían el exterminio de los débiles (sean no nacidos, sean débiles –como hacían Lenin o Brevnev-, o ancianos mediante la “eutanasia”). Pertenece a un grupo, el comunista, cuya seña básica de identidad es el odio a Cristo y a su Iglesia y todo lo que ella ha construido durante siglos, aspecto éste que los nazis compartían, una ideología que no ha parado en mientes para conseguir sus objetivos, al coste que fuera, al precio humano que se precisara. Gentes que dicen que sus adversarios políticos “odian”, sin percatarse de que ellos son orcos políticos sacados de un magma innoble hecho de odio. Pertenece a esa ideología que odia el Altar y el Trono, al igual que los nazis. Pertenece a un grupo, el comunista, forjado en esa misma Alemania de Fichte y Marx, la misma que viera nacer el partido nazi emergido de una secta husita checa. Curiosas estas conexiones nazis con Huss y Wycliff, que ya anticipaban el comunismo.

Pertenece a un grupo, el comunista, que ha hecho y sigue haciendo del asesinato del disidente (por menor que sea la disidencia) la regla de la tiranía, tal cual hacían los nazis, aunque estos últimos incluso no tanto como los comunistas. Pertenece a un grupo que se alinea con tiranos como Fidel Castro o con cainitas como Gorbachev (quien lleva la marca de la Bestia, por cierto), como tirano era Hitler. Pertenece, también, a un grupo que hace del odio a los judíos norma, como llevan demostrando hace tiempo que lo que les inspira no es sólo amor a los palestinos; y en esto también se parecen a los nazis.

No es pues extraño que ese excremento político hable así: a fin de cuentas todos sabemos del silencio cómplice de sus correligionarios (y de ella misma también) sobre el Gulag, las tropelías en China o la Unión Soviética. No es extraño que sea en Rusia y China donde más abortos por mujer se dan en el mundo, a menudo forzados. Espero que no sea este el régimen que ella pretende para la patria portuguesa.

Parece que Marx era un satanista. Algunos epígonos recauchutados, vía Trotsky y vía Gramsci, no le deben andar lejos. Lógico es que todos ellos acaben marchándose al Infierno. Pareciera que estos antros infernales son su verdadera Patria. Quizás en ese Infierno pacten, otra vez, con los Ribbentrops de las zahúrdas de Plutón. ¿Te has dado cuenta, querido Pedro, de que las motivaciones religiosas y filosóficas de nazis y rojos son las mismas?

La tal Pinto, por tanto, sí que resultar estar próxima a la ideología nacional-socialista. No debería ser sorpresa para quien milita en las filas del internacionalismo-socialismo. Esto último, philosophia dixit, es algo bastante cercano a ser nacional-socialista, que dicen nazi.

Me despido con nuestro saludo de siempre, Pedro: ¡Heil, Pinto! … digo … ¡Heil, Tovarich Pinto!

Y ahora preparémonos para la purga que se nos viene. Tú y yo vamos caminos de acabar nuestros días en Auschwitz … perdón … en el Gulag del Océano Glacial Ártico. Me pregunto si no deberíamos proponer que a esas tierras litorales del norte de Siberia las llamen ahora “Tierras de Pinto”. O “Terras do BE”. En rigor le/s pertenecen.

Rafael Castela Santos

Postdata para antes de que me defenestren de una vez por todas:

Cuando utilizo la expresión “excremento político” me refiero a su actuación política Cuando utilizo la expresión “excremento político” me refiero a su actuación política al tildar de nazi a una bitácora y a una persona por “proximidad” . Afirmación esta completamente espúrea. La “excremento político” no es un juicio de su persona, que a mí no me compete (esto es materia de Dios), pues en lo personal la Señora Helena Pinto me parece respetabilísima, sino un juicio de su acto

Me limito a expresar opiniones acerca de una actuación política. Actuación a la que ciertamente le cabe la acepción de excremento como “residuo a eliminar” porque semejante comportamiento es mejor que nunca se hubiera producido. Y me limito, también, a expresar opiniones acerca de una opción política: la comunista. Esta última deja en lo que a crimen y asesinato se refiere a otra pésima opción política, el nazismo, a la altura del amateurismo.

Quiero pensar que la Señora Pinto, tan respetable –por supuesto- en lo personal, tan en contra ella de cualquier ideología que inspire odio, también abomina y abjura de cualquier filia comunista y/o nazi. No esperaría menos de una dama tan absolutamente respetable.

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